Dar el salto y ser empujado son dos experiencias completamente distintas, alma querida.

Un amigo que te anima a dar el salto es, sin duda, un buen amigo.

Un amigo que te empuja por el borde, con o sin tu consentimiento, no es amigo en absoluto.

Cuando salgas de tu zona de confort, alma querida, siempre deberías hacerlo por elección propia y por tu propia voluntad.

Dar el salto y ser empujado no hacen que acabes en el mismo lugar.

Recuérdalo.